Lunes, 20 de Noviembre de 2017

Historias/Recuerdos

LAS HISTORIAS de GRACIANO

UN HÉROE DE HÉROES ......

Nunca está de más conocer la historia de un héroe Argentino. 
En una simple, humilde y semi-oculta bóveda, nunca visitada y fuera de los "recorridos top" del Cementerio de la Recoleta, descansa un aviador Argentino, fallecido en 1975. 
Esta es la pequeña historia de ANGEL MARIA ZULOAGA nacidó en la Provincia de Mendoza el día 21 de mayo de 1885.

 

03.06.2017

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El 15 de marzo de 1904 ingresaba al Colegio Militar de la Nación, obteniendo su despacho de Subteniente de Artillería, en 1907. 
 
Su primer destino fue el Grupo Nro 1 de Artillería de Montaña y en 1908, pasó a la Escuela de Tiro, hasta 1911 en que es destinado a la Escuela de Caballería. En esta obtuvo mención honorífica, por ser ganador de la Copa Campeonato de salto. Al finalizar el año asciende al grado de Teniente. En el año 1913 es ascendido a Teniente Primero. 
 
Con fecha 14 de febrero de 1914, ingresa a la Escuela Militar de Aviación, (tercer curso) iniciando allí su aprendizaje de Piloto Aviador el 15 de julio de 1914.
El 13 de abril de 1915, realiza el curso sobre el biplano FARMAN-GNOME 50 HP, rindiendo examen el 4 de febrero de 1915. Fiscalizaron la prueba el Ingeniero Carlos IRMSCHER, en representación del Aeroclub Argentino, y el Teniente BRIHUEGA, de la Escuela Militar de Aviación. El Aeroclub (Acta Nro:62, Libro 2) le otorgó entonces el certificado Nro: 64 de la serie internacional.
La aero estación fue otra de las disciplinas aéreas que estimuló vivamente. Inició el curso de globo en el Parque Aerostático del Aeroclub, obteniendo el 4 de febrero de 1915, por parte de la nombrada entidad, el “brevet” de la especialidad señalado con el Nro: 30.

Algo que marca la inmensa presencia de este hombre en el mundo de la aviación es la siguiente anécdota, que el Ministro de Defensa del Gobierno del Gral. Juan Carlos Onganía (Dr. Cáceres Monié), no se cansaba nunca de contar cuando en 1969, los primeros seres humanos que pisaron la luna llegaron a Argentina, dentro de la gira triunfal que habían comenzado alrededor del mundo para ser aclamados y agasajados, él fue el encargado de recibirlos y no apartarse de ellos en las ceremonias, ya que Cáceres Monié hablaba perfectamente inglés, y los americanos ni una gota de español.

El tema es que Cáceres Monié estaba ahí donde fueran, paradito junto a Neil Armstrong, Michael Collins y Edward "Buzz" Aldrin, flanqueados por la bandera Argentina por un lado y la Norteamericana por el otro.
La recepción era en Cancillería, frente a la Plaza San Martin y entre cada saludo y saludo, Armstrong se acercaba al oído de Cáceres Monié y le susurrabacon gesto de preocupación: "¿Ud. crée que esto va a finalizar rápido?", "¿Pero porqué?" respondió Monié extrañado, a lo que Collins (en la oreja opuesta) le susurró: "Es que nosotros vinimos a Argentina solo para ver al "Loco" y sabemos que a las 8 de la noche se retira a dormir"...."Y nosotros partimos de Ezeiza mañana a las 7hs!!!".....

Neil Armstrong lo aturdió al Ministro de Defensa con este reclamo, porque él quería ir a ver a su héroe, su único héroe de la infancia, al "Loco".

Solo el ancho de la Plaza San Martin separaba la Cancillería del humilde departamento del 7mo piso del edificio de Florida y Av. Santa Fe. Un departamento en el cuál en ese momento un viejito muy débil, frágil y bajito le pasaba una franela a sus libros en la biblioteca, un plumerito a esa artesanía en madera tan amada por él que representaba a ícaro, y le pasaba (orgulloso) una virulana a la plaqueta de bronce que su amigo Belisario Roldán le había regalado en 1916 y que decía "Yo tengo una cosa aguda que decirle a los astros: ya no son ellos los únicos que han visto a los Andes desde arriba".
Es que ese viejito, a los 31 años, junto a su inseparable compañero Eduardo Bradley había realizado la mayor proeza hasta ese momento: por primera vez cruzar con su globo remendado "Eduardo Newbery" las aterradoras montañas de Los Andes por encima de los agudos picos nevados, en trayecto de Santiago de Chile a Mendoza.

Soportan temperaturas de 33° bajo cero pero el globo no termina de subir, se estabiliza a los 6.500 metros y ven como van a estrellarse contra el Aconcagua o contra el Tupungato; había que desprenderse de todo el peso posible.
Arrojaron las bolsas de arena y nada. Lanzaron las bolsas con comida y nada aún. Tiraron por la barquilla los revólveres y las municiones. Las paredes seguían acercándose a colisionar de lleno contra ellos y nada aún.
Con todo dolor se desprendieron de todos sus instrumentos científicos, catalejos, relojes y anclas. Igual. En un último intento, se desprendieron de su ropa de abrigo pesada y luego de la liviana. Cuando ya estaban por quitarse los calzones y las camisetas y desprender la barquilla para solo quedar atados a las cuerdas del globo, una proverbial corriente de aire los levanta y pasan a escasos 6 metros por encima del Aconcagua.
Ven los valles mendocinos y se largan a llorar como chicos, por más que el porrazo del descenso fue memorable, aunque sólo rasguños. Quedaron al borde de un abismo, tambaleando como la piedra movediza, pero unos paisanos los salvaron. Esa misma tarde en Mendoza casi 2000 personas los llevaron en andas. A los 2 días en Buenos Aires iban en andas de casi 40.000.

A ese viejito los franceses lo llamaron "Capitán Soulage", ya que colaboró anónimamente con la aviación militar francesa durante la Primera Guerra, produciendo múltiples derribos a los alemanes y era público y sabido que Manfred von Richthofen (el Barón Rojo) siempre buscó por los cielos al "único halcón que vuela como yo", para dirimir talentos, aunque nunca se encontraron.
 
Ese viejito fue galardonado como "Caballero de la Legión de Honor de Francia" y como "Comendador de los Cielos del Imperio Británico", amén de todas las condecoraciones en todo lugar del mundo recibidas.
 
El que creó la Fuerza Aérea Argentina, estaba limpiando todo para que su hogar luciera impecable para recibir a tamaños visitantes, aunque (en su humildad) no entendía mucho porque querían conocerlo. Se estaba por ir a dormir cuando a las 8 en punto de la noche, tocan el portero eléctrico.
Escucha como su hija Esther habla en perfecto inglés con los visitantes y luego de la subida por ascensor, les abre la puerta........fue verlo, que Zuloaga los saludara con una franca sonrisa, que Collins casi no pudiera ni emitir palabra en los 45 minutos que duró la reunión, que "Buzz" Aldrin le hiciera todas las preguntas que su compañero no podía ni balbucear (mientras le sacaba foto tras foto) y que el gigante, duro y ya legendario Neil Armstrong (Comandante de la Apolo Xl) no parara de llorar como un chico.

En el país de Superman, Batman y no sé cuantos héroes mas de ficción, él estaba en ese momento ante el único superhéroe de su infancia, cuyas historias lo habían llevado a apasionarse por la aviación y ser el primer hombre en pisar suelo lunar.

Simplemente estaba ante Angel María Zuloaga, el "Loco", y fue el día más feliz de su vida.

Pd: Los legendarios astronautas (cuál simples cholulos) quisieron llevarse un recuerdo de Zuloaga, cualquier cosa. Y al "Loco Zuloaga" se le ocurrió ir a la cocina a lavar los platitos, las cucharitas y los pocillos que tenían impreso el escudo de su viejo globo "Eduardo Newbery", los mismos pocillos con los que hasta hacía un rato había compartido un cafecito con los imprevistos visitantes. Si uno va hoy al Museo de la NASA en Cabo Cañaveral, bajo increíbles artefactos y rodeado de objetos que representan epopeyas, en una vitrina y bajo una campana de cristal se encuentran expuestos a la admiración el juego de tres pocillos con sus platitos y cucharas utilizados en aquella pequeña velada. El cuarto pocillo con su cuchara y platito, el utilizado por Angel María Zuloaga, sigue estando aún hoy expuesto en el hogar del ya fallecido "Capitán del Espacio" Neil Armstrong, en la que él llamaba su habitación de trofeos.
 
Carlos GRACIANO

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