Lunes, 20 de Noviembre de 2017

Armas

MENDOZA

Las armas “en blanco” nutren a la delincuencia

En 22 meses la Policía ha sacado de “la calle” 3.500 armas de fuego. El 65% pertenece a usuarios habilitados.

Por: Rolando López (para Los Andes)

12.11.2017

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El sábado 4 de noviembre, el carpintero Juan Moya fue asesinado de dos balazos en un asalto en su casa de Villa Nueva. Los delincuentes no se llevaron nada e, incluso, perdieron la pistola 9 milímetros que llevaban consigo para el atraco.

Cuatro días más tarde, uno de los sospechosos fue detenido. ¿Qué lo delató?Justamente el arma que la banda dejó en el lugar. Esa 9 milímetros había participado en una balacera dos semanas antes del asalto al carpintero. Los proyectiles que quedaron en ese tiroteo correspondían a la pistola olvidada. 

De acuerdo con las estadísticas que maneja el Ministerio de Seguridad, es muy factible que esa pistola 9 milímetros haya pertenecido a una persona que la tenía de modo legal y en algún momento pasó a manos de los asesinos del carpintero. 

Voz oficial

Para el director de la Policía de Mendoza, comisario Roberto Munives, "desde que este gobierno asumió, se sacan de la calle unas cinco armas de fuego por día; lo que hace un total de 3.500. Algunas de ellas en manos de delincuentes y otras en viviendas".

Según cuenta el funcionario, todo se debe a un plan integral desarrollado estratégicamente donde el principal combate se libra en la vía pública. Una persona lleva un arma en la calle, la requisan y allí está el "fierro". Para Roberto Munives, el hecho de requisar a alguien en la vía pública no es la famosa "portación de rostro", sino el llamado "olfato policial". 

Para ello se valen, entre otras cosas, del "biométrico", que es un identificador de individuos en la calle que con solo colocar el pulgar en un aparato, sale si esa persona, por ejemplo, tiene o no medidas pendientes.

"En la mayoría de las armas secuestradas ha tenido que ver el biométrico en la calle; y en un 65 por ciento se trata de armas que alguna vez estuvieron registradas y con propietario legítimo. Tenemos 300 aparatos biométricos que nos permiten identificar a 70 personas por día en promedio", cuenta otro funcionario de Seguridad.

Sin querer

Los allanamientos, por el delito que sea, también son una buena red para la detección de armas en manos de maleantes. "En ese sentido, en delitos que no tienen que ver con robos -como puede ser violencia de género- hemos hallado armas que el dueño no las tenía asentadas. Entonces a veces pasa que un ladrón entra a la casa de ese hombre y se lleva el armamento como parte del botín".

Con los narcos pasó algo similar. “La gente que está en la droga por ahí no tiene su arma para robar, pero está claro que la usa para arreglar sus asuntos a balazos. Antes había más armas en la calle, pero con este programa cada vez vemos menos, o al menos incautamos menos".

Una prueba de ello es que las llamadas de grueso calibre cada vez son las menos secuestradas y aparece el fenómeno de las llamadas tumberas, que son más difíciles de detectar pero que tienen el mismo poder destructivo.

"El programa sirve para saber cómo se comporta el delito en la vía pública. Es un estudio de tipo criminológico. Allí vemos que ciertas figuras delictivas decrecen, como el robo agravado con el uso de armas de fuego, y algo similar sucede con las muertes violentas".

Los quioscos

Otro ataque para la detección de armas en la calle lo constituyen las medidas contra los llamados "quioscos". 

"Se trata de personas que cuentan con una buena cantidad de armas en su poder y están vinculadas con las bandas. Acá se da, por ejemplo, el alquiler o bien el cambio. En Mendoza no ocurre como en otros países, donde hay, por ejemplo, grupos armados más sofisticados. En la provincia, por caso, no hemos secuestrado un AK47 (el famoso fusil de asalto soviético con cargador "torcido"). 

Por medio de la red social Facebook hay gente que en grupos cerrados ofrece armamento; "allí nos metemos y hace dos semanas dimos con un vendedor", recuerda Munives.

En Mendoza, el generador del mercado ilegal de armas tiene su génesis en el mercado legal: que es cuando las armas pasan de las manos de su poseedor legal a la ilegalidad; en los más de los casos en ocasión de robos a casas. 

En ese caso, los delincuentes proceden a limar el número de origen del arma. Con eso, por ejemplo, los ladrones ya se sacan de encima la prueba de que robaron esa arma. En ese momento, el armamento pierde su identidad; se las llama armas 'orejanas’.

Un caso aparte son las pistolas 9 milímetros que los policías "pierden" o denuncian como que se las robaron. 

Auge tumbero

El arma tumbera se puede definir como la asociación ilícita de elementos inofensivos que, juntados, se pueden transformar en un armamento. 

Inventado por la guerrilla chilena del Frente Patriótico Manuel Rodríguez de Chile, el mecanismo consiste en articular un arma de fuego a partir -básicamente- de un caño de 3/4 con uno de una pulgada más una tuerca que hace de percutor. 

"Lo difícil para combatir a las tumberas en la calle es que alguien puede llevar en una mochila uno solo de los elementos necesarios (por ejemplo un caño) sin que eso sea un delito", indica un funcionario.

Con el paso de los años, las confecciones de ese tipo de armamentos llegaron a las cárceles argentinas: de allí su apelativo de "tumbero".

El hecho de que la cantidad de "tumberas" haya crecido, para las autoridades es un buen síntoma: "Eso quiere decir que estamos desarmando a la delincuencia", termina, contento, el comisario Munives.

Los policías y sus pistolas “perdidas”

Los casos de policías que denuncian sus armas como "perdidas" o "robadas", siempre generaron gran suspicacia. Básicamente por la cantidad de hechos en los que se ha comprobado la connivencia de uniformados con delincuentes para cometer un delito.

Desde hace dos años, en la Ley Policial, se considera una "falta grave" el hecho de perder el arma reglamentaria para un efectivo. Las sanciones van desde la suspensión hasta la exoneración. 

De todos modos, de acuerdo con las estadísticas que maneja la Inspección General de Seguridad, la ley no parece hacer mella en los efectivos.

Según los registros de esa repartición, el ítem "robo o pérdida de armamento" ha crecido en los últimos tres años.

En 2015 hubo 20 denuncias; en 2016 se "perdieron" 33 armas policiales; mientras que en lo que va de 2017 el número ha trepado a 40.

Fuente: Los Andes

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