Sábado, 31 de Octubre de 2020

Caza

Armas de caza con avancarga. Caza a la antigua usanza

Llega un momento en la vida de todo cazador en el que hacer perchas ya no lo es lo más importante y buscas algo más. Éste algo más te lo puede proporcionar el cazar a la vieja usanza, es decir como la practicaba nuestros bisabuelos, con armas de avancarga y pólvora negra.

07.10.2020

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Cuando salgo al campo a menor de lo que más disfruto desde hace tiempo no es de la caza, sino de mi teckel, de ver cómo busca las piezas, como escarba las madrigueras, de lo contento que se pone cuando consigo cobrar una pieza y me la trae y de cómo me regaña con su mirada penetrante cuando la fallo. Lo de tirar para mi se ha convertido prácticamente en una obligación o mejor dicho, es un compromiso para con mi perro, que es en parte lo que me ha llevado a cazar con avancarga, es decir a hacerlo aún más complicado para un mayor disfrute de ambos. Además, a quién no le ha pasado de verse obligado a regalar su percha antes de llegar a casa por no tener que escuchar las reprimendas de su mujer. Hoy en día, para los que vivimos en las grandes urbes la carne de caza ya no es nuestra principal fuente de alimentación. Comemos un conejo de vez en cuando, unas perdices o un faisán para navidad y poco más, pero por regla general ya no nos cabe un montón de conejos o de palomas en el congelador.

Una forma distinta de cazar 

Pero volvamos a lo del avancarga y sus armas. Quizás más que la caza, lo que me ha apasionado desde siempre es el tiro y durante años fui miembro de la Federación de Tiro Olímpico y pasaba mis fines de semana enteros en el club de Canto Blanco en Madrid. Allí, a finales de los 70 conocí a varios famosos tiradores de avancarga, algunos olímpicos, como Pepe Borja, y otros avancarguistas y cazadores como Jorge Sichling o Eduardo Trigo de Yarto.

Me apasionaba verlos tirar, con las fogatas del disparo, los nubarrones de humo y el penetrante olor agrio a pólvora negra. Al final “caí” y me compre mis primeras armas de avancarga, algunas en “kit” que si no eran de muy buena calidad terminaban disparando más o menos bien y te proporcionaban muchas horas de diversión al montarlas. Durante años solo las emplee para tirar y nunca se me habría ocurrido llevar una a cazar y menos aún a una montería hasta que un buen día, monteando en Guadalajara tuve en el puesto de al lado del mío a Eduardo Trigo, que en aquellos tiempos cazaba con un Express paralelo de avancarga, un Kodiak de calibre .50 ó .54 que pesaba alrededor de 4,5 Kg.

Le oí soltar dos tiros seguidos  y cuando llegué a su puesto, al finalizar, la montería, tenía un enorme cochino tumbado justo delante de él. El animal tenía los dos tiros en el cuerpo. Lo había parado justo a tiempo con el segundo disparo, pero de haber seguido un metro más le hubiera dado un buen revolcón.  Aquello me animó del todo y por fin compré mi primer rifle “serio” de avancarga, un Deerhunter del calibre .50 con el que recorrí toda la provincia de Guadalajara durante una temporada entera sin tener la oportunidad de estrenarlo. A decir verdad es que no había tantos cochinos como ahora y además en aquellos años tampoco se veían venados por aquellas latitudes. Ahora,  vivo en un pueblo y con las esperas ya me desquité cobrando alguno que otro jabalí
 
 
 
 
 
La exaltación de los sentidos

Dónde más se caza con avancarga, por la fuerte tradición existente y porque con avancarga y con arco se puede cazar fuera de temporada o por lo menos durante más tiempo, es en los EE.UU. Aquí, en España, somos pocos, aunque viendo los foros de internet, no soy el único loco, lo que me reconforta. La caza con avancarga se puede practicar con rifle para mayor o con escopeta para menor. Para cazar aconsejo que se usen réplicas (no armas originales) que las hay en España de muy buena calidad y son muy asequibles, ya que las auténticas son raras, caras y poco seguras.

Tengo la suerte estos últimos años de vivir en el campo y así de poder disfrutar a menudo de la caza. De menor desgraciadamente hay muy poco que cazar pero disfruto enormemente saliendo con mi perro y cuando consigo colgarme una pieza soy el tío más feliz del mundo. Realmente es otra historia y se siente de otra manera. Para mayor, no monteo con avancarga, pero sí rececho y hago esperas, haciendo un especial hincapié en la mayor cercanía con el animal, es decir acercándome recechando hasta límites imposibles y haciendo esperas a muy escasos metros del comedero. Es todo un reto y normalmente gana el animal, cosa que a mí no me importa demasiado, pero lo que se siente al poner el listón cada vez más alto es tan intenso que merece la pena. Tienes, por la cercanía al animal, que controlar perfectamente tu mente, tu cuerpo, tus movimientos, intentando que tu corazón no te salga del pecho, ni te delate tu respiración acelerada por el subidón de adrenalina. Si a eso le añades las fuertes sensaciones que te proporciona tirar con un arma de avancarga, ni te cuento, es realmente la exaltación de los sentidos.

Mi sueño, aunque creo que nunca lo podré cumplir es cazar un búfalo, pero nunca se sabe.

Mi batería de avancarga

Tengo muchas, ya que como dije antes empecé con réplicas en kit que ahora sirven de adorno de chimenea sin más y también me compré algún que otro revólver, pero para la caza menor uso una escopeta de un solo cañón, una Fowler que es una réplica de una escopeta inglesa de calibre 12 y un pequeño rifle tipo Kentucky David Crokett en calibre .32 para recechar conejos a última hora de la tarde o al amanecer que es lo que más nos divierte a mi perro y a mí.  Y para mayor tengo un Hawken del .45, el Deer Hunter de calibre .50 y finalmente, mi última adquisición, un Vortek calibre .50 de Ardesa, que es la última tecnología en avancarga. Tanto la escopeta como el Kentucky y el Hawken son fieles réplicas de modelos antiguos mientras que el Vortek no tiene nada que ver salvo que es de avancarga y se usa con pólvora negra. Es un arma de diseño reciente parecido a un rifle monotiro con acabado inoxidable, culata de fibra, totalmente desmontable, y lo más es que tiene un cañón basculante que además de tener freno de boca tiene un culatín rápido en su parte trasera que se desenrosca con los dedos para una fácil limpieza. Utiliza pistones idénticos a los que usan los modernos cartuchos de escopeta (tipo 209) que se colocan en el centro de éste culatín y garantizan una perfecta y rápida ignición de la pólvora.

Con éste rifle, además de poder ponerle un visor, ya no se disparan bolas de plomo, ni largos proyectiles minie, sino balas de rifle normales subcalibradas al calibre .45 y alojadas en un sabot de plástico. La precisión del arma es increíble y el alcance efectivo del orden de los 200 a 250 metros. Quizás para los puristas de la avancarga ya no sea tan auténtica como las réplicas de las armas utilizadas antaño, pero les aseguro que la sensación que proporciona es fantástica.
 
 
Avancarga: Mitos, leyenda y realidad

He leído mucho sobre ellas y me apasionan las películas dónde salen personejes como el del trampero de “la leyenda de Jeremías Jonson” que emiten de vez en cuando en televisión o la de  “El ultimo mohicano”. Viendo aquellos “cacharros” se preguntarán sobre su precisión y efectividad, y es normal, pero hay que tener en cuenta que se ha estado cazando todos los animales del planeta, elefantes y búfalos incluidos, con armas de avancarga durante más de 500 años, hasta que se descubrió la retrocarga hacia mediados del siglo XIX.

Existen muchas leyendas sobre las precisión de aquellos rifles usados por los pioneros americanos, como una que dice que Daniel Boone era capaz con su Kentucky, a 100 yardas (casi 100 metros), de clavar un clavo de herradura en un árbol impactando en su cabeza con varios tiros. El caso es que a 100 metros no es posible ver la cabeza de un clavo y aún menos de atinarla por mucho Daniel Boone que uno sea.

Otra leyenda cuenta que David Crockett era capaz de meter 5 tiros en el mismo agujero, lo que es otra falsedad ya que resulta totalmente imposible, incluso hoy en día con un rifle montado sobre banco. Puede que haya una dispersión mínima, pero nunca un solo agujero del tamaño del proyectil.

Sí son ciertos son algunos testimonios de la guerra entre franceses e ingleses, como es el caso de un “hombre de la frontera” que con su rifle largo (Kentucky) mató a un general inglés de los Casacas Rojas de un tiro a más de 300 metros. Hay varios testimonios sobre la tremenda habilidad de estos viejos tramperos y las demoledoras prestaciones de sus largos rifles y sus balas redondas. Y claro, con lo complicado que es para nosotros atinar a estas distancias con un rifle moderno equipado con un buen visor, uno se pregunta cómo es posible. Pues bien, estos hombres usaban unos rifles muy largos con cañones de 1 m ó 1,20 m de largo con unos pasos de estrías también muy largos (1 vuelta en 66”) y disparaban proyectiles esféricos de calibre .45 ó .50 (de 130 a 180 grains de peso) que alcanzaban velocidades superiores a los 400 m/s.

Podría parecer un contradicción que para cazar en bosques densos, estos tramperos empleasen unos rifles con cañones tan largos y pesados en vez de unos más cortos, pero allí precisamente está el secreto. Estos cañones octogonales eran muy pesados pero hechos a propósito con un acero muy blando, tan blando que con un cuchillo uno podía cortarles una rebanada sin mellar la hoja, y esto estaba hecho a posta para que, que al ser de acero blando y muy gruesos, no vibraban y se mantuviera siempre el mismo punto de impacto prácticamente sin ninguna dispersión. Estos cañones los cargaban con media carga de pólvora para tirar a 50 metros, con una carga completa para tirar a 100 m. y con carga doble para tirar a 150 m. ó más, llegando en algunos casos hasta los 300 metros de distancia. El caso es que al ser tan largos y con un paso de estrías también muy largo no variaba, una vez reguladas las miras a 100 metros, el punto de impacto con la distancia y no hacía falta nada más que variar la carga de pólvora, por lo que estaban jugando únicamente con la velocidad del proyectil. Como es obvio, al ser armas artesanales, cada uno tenía que hacer pruebas para saber exactamente cuales eran las cargas óptimas para su arma, pero la precisión que conseguían era impresionante y comparable a la de un rifle actual.[Armas reportajes caz -con avancarga]Rifle con sistema de encendido por chispa. Este sistema de encendido fue anterior al de pistón. Sus principales inconvenientes, comparado con el sistema de pistón, es que no podía utilizarse si llovía pues se mojaba la pólvora, que ésta se podía caer fácilmente de la cazoleta y que el retardo a la ignición era mayor, lo que complicaba el cálculo del adelanto que había que dar a las piezas en movimiento.

Las bolas de plomo que servían de proyectil se las fundían ellos mismos y se envolvían parcialmente, al cargar el arma, en un “calepino” o trozo de lino (o incluso de cuero fino engrasado) que hacía de relleno entre las estrías y la bola de plomo, evitando así que se escapasen los gases de combustión y se aprovechara todo el empuje de la pólvora.

Desde que se inventó la pólvora hubo muchos sistema de ignición como la mecha o la rueda, pero aproximadamente desde el año 1600 hasta el 1800 el sistema de disparo o, mejor dicho, de ignición de la pólvora fue mediante el uso de la llave de pedernal, pasando luego a la llave de pistón. Las armas de los pioneros americanos fueron, pues, de chispa o pedernal (hacia el 1715)  y luego de pistón hasta que llego la pólvora blanca y la retrocarga.

No voy a entrar en explicar en detalle ambos sistema,s ya que nos llevaría otro artículo.

En cuanto a los gatillos de estos Kentucky eran dobles, uno para tensar el mecanismo de disparo y otro para disparar, o sea “al pelo”.

Una cosa que llama también la atención en estas armas americanas es la forma muy corta y curvada hacia bajo de las culatas que servía precisamente para compensar el peso del cañón y llevar el centro de gravedad del arma hacia atrás, aunque procuraban casi siempre tirar apoyados (estamos hablando de armas de 4 Kg. o más). Gracias a la forma curvada de la culata era también más cómoda al tener que llevar durante horas el arma cruzada sobre el pecho y reposando sobre el antebrazo.

La contrapartida de tanta curvatura de culata era que al disparar la bofetada recibida era importante, aunque a estos curtidos hombretones no les debía de importar mucho. Otra cosa era la posición muy adelantada sobre el cañón del alza para poder enfocar al mismo tiempo alza y punto. Como estos hombres podían pasar muchos meses en los bosques con lo puesto usaban normalmente buena pólvora, curiosamente de origen francés y la llevaban en un recipiente de cuerna (de vaca o de búfalo) para mantenerla seca, pero nunca en recipientes metálicos dónde se podía deteriorar la pólvora por la humedad (el metal con el frío suda). Al cazar, lógicamente lo hacían con el aire en contra para no delatar su olor, pero al disparar se encontraban envueltos en una enorme humareda por lo que no veían si habían atinado o no. Más de uno se debió llevar un susto al encontrarse con un oso o un bisonte cargando. En los libros de caza de la época (que los hay) decían que por prudencia aconsejaban dar un salto hacia un lado, justo después de disparar. En fin, debían de ser unos expertos cazadores y tiradores y llevar una vida fascinante y entrañable.

Texto y fotos: Jean Pierre Bourguignon
Fuente: Trofeocaza.com
 
 

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