Jueves, 28 de Enero de 2021

Inform. General

Tiro al pichon, Franquismo y homosexualidad

Alguien tiene que morir": Un cruce entre drama, thriller y telenovela

25.10.2020

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El guionista y director mexicano Manolo Caro se transformó en una celebridad internacional gracias a “La casa de las flores”, la comedia en formato de serie de Netflix para la cual contó como protagonista en la primera temporada con la reina de las telenovelas aztecas, Verónica Castro. La semana pasada Caro desembarcó nuevamente en la plataforma con “Alguien tiene que morir”, una serie de tres capítulos en la que después de una carrera forjada en el humor, se prueba en el drama, aunque sin alejarse demasiado del culebrón latinoamericano.
Algunos signos de la estética de Caro encuentran una línea de continuidad en esta nueva propuesta con un elenco encabezado por Carmen Maura, que, haciendo una analogía, ocupa el rol de la matriarca que antes ocupó Castro, pero en versión “mujer horrible”. Todo el encanto, la gracia y la sensualidad que mostró Verónica Castro en “La casa...” transmutan en “Alguien tiene que morir” en oscuridad, malicia y manipulación en la figura de Maura. Su personaje, Amparo, es el arquetipo de “la malvada” que cuida sus intereses a su antojo aunque con sus conspiraciones le arruine la vida a todos, como corresponde a toda buena telenovela.
 
ORIGINALIDAD. Es justamente ese rasgo melodramático llevado al extremo en casi todos los personajes el que hace atractiva “Alguien tiene que morir”. Caro tensiona casi hasta la parodia los estereotipos -ricos y pobres, malvados y bondadosos, deshonestos y leales-. Aunque la serie es una crítica social de la época y gira en torno a un amor prohibido, el contraste del melodrama en el contexto de una tragedia real como fue persecución de l
os homosexuales durante la dictadura de Francisco Franco le aporta originalidad al envío.
En este caso se trata de Gabino (Alejandro Speitzer) y nieto de Amparo. El joven regresa de México después de diez años a la finca familiar en Madrid junto a Lázaro (Isaac Hernández), su amigo bailarín. El hecho de que Lázaro se dedique a la danza activa las alarmas de familiares, amigos y conocidos del reducido círculo de amistades de la alta burguesía. Pero no ocurre así con Mina, la madre de Gabino, encarnada por Cecilia Suárez, que saltó a la fama gracias a su interpretación de Paulina de la Mora, su personaje en “La casa de las flores”. Erradicado aquel famoso tono que Suárez le aportó a Paulina, encara ahora al personaje de una mujer sometida por su violento marido Gregorio (Ernesto Alterio).

En este punto es cuando Manolo Caro da un giro telenovelesco a la trama. Sin dejar de ser claramente un drama, quien haya visto al menos una telenovela, llegado el momento del encuentro de Mina con Lázaro no podrá evitar sonreír por los guiños irónicos de la historia, mientras ese mundo rígido y perfectamente armado como un origami que era la vida familiar hasta la llegada de Gabino, comienza a desdoblarse y mostrar su revés, sus pliegues y sus sombras.

SIMETRÍAS. Es inevitable establecer una simetría entre “Alguien tiene que morir” y “Las cosas del querer”, la exitosa película de Jaime Chávarri. La serie y la película están ambientados en la misma época, 1940, con Franco en el gobierno; hay republicanos y exfalangistas; una clase alta que mueve sus influencias para lograr sus objetivos y confusas relaciones homosexuales en torno a un bailarín, interpretado por Manuel Bandera en el filme de 1989 y en “Alguien tiene que morir” por Isaac Hernández. Y ambos p
ersonajes son apaleados por su orientación sexual. “Las cosas del querer” evocó aspectos de la vida de Miguel de Molina, que además de homosexual era republicano y, como tal, víctima del franquismo. De Molina se exilió en Argentina y luego en México, y el personaje de Lázaro, así como su intérprete, es mexicano.
Sin embargo, a pesar de las semejanzas, la obra de Caro tiene peso propio, más que como un retrato de época, como un ejercicio narrativo del director que dejó pistas de su estilo en la posproducción de esta singular fusión de drama, tragedia, telenovela y thriller. Y el resultado es favorable, con una producción sólida, atenta a todos los aspectos técnicos y un elenco de buenos actores. Además de Maura, Suárez, Alterio, Hernández y Speitzer, Cano convocó a dos conocidos y jóvenes intérpretes como Carlos Cuevas (Pol Rubio en “Merlí”) y Ester Expósito (Carla Roson, en la serie ”Elite”) para esta apuesta con final rotundo.
 
Fuente: lacapital.com.ar/
 

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